miércoles, 11 de septiembre de 2013

EL SUEÑO DE UN AMIGO



 

 

Me encontré con un amigo que hacía que no veía hace tiempo, la alegría de vernos fue reciproca después de estrecharnos en un abrazo, nos acercamos a una cafetería y nos sentamos en una terraza a tomar un café, estuvimos charlando de lo normal cuando te encuentras con alguien que hace tiempo que no sabes nada de él aunque mi impresión fue de que estaba algo decaído para su forma de ser, le pregunte por la familia, me dijo que la familia estaba toda bien. 

¿Y el trabajo que tal?le pregunte, cuando iba a empezar a contarme sobre cómo le iba con el tema del trabajo, le cambio el semblante y desvió la conversación.

Mira Rafa me gustaría contarte el sueño que tengo durante hace un tiempo todas las noches  yo me quede totalmente fuera de juego, por su forma de actuar imagine que se encontraba con algún tipo de problema (el nombre de mi amigo lo dejare en el anonimato)

Cuéntamelo le dije.

Me encuentro a unos pasos en el borde de un precipicio, es un acantilado con todo el océano a mi vista me encuentro con la sensación de poder dominar parte de este mundo donde me ha tocado vivir, es una sensación de bienestar que tengo admirando la libertad que tiene la naturaleza, cuando ella ordena al mar golpear con fuerza la orilla lo hace, si se le ordena estar en calma lo hace, es así en toda en todo el planeta, los arboles se deshojan para poder dar nuevos brotes y nueva vida a otras hojas, creo que no hay nada que haga la naturaleza sin razón, todos estos pensamientos se me pasan por la cabeza cuando en el sueño me encuentro al borde del acantilado, a veces en el sueño estando allí  le pregunto en voz alta ¿Por qué a veces le dices a los océanos que golpeen fuerte aun sabiendas que puedes hacer mucho daño a los habitantes que conviven contigo? Ella nunca me contesta, quizás ella no tenga la respuesta o piense que nosotros la sabemos y creo no estamos actuando bien Rafa. Durante el mismo sueño me retiro del acantilado cabizbajo, la sensación de bienestar desaparece, miro al cielo mientras camino sin saber a dónde ir y siempre me ocurre lo mismo a pocos pasos aparece una cuerda  colgada del cielo en el camino, alzo la vista y no veo su fin, la agarro y tiro con suaves golpes hacia abajo pero parece que está bien atada, en todos los sueños se me aparece la cuerda y en todos tiro de ella sin que ocurra nada, tú me conoces Rafa y sabes que de lo que cuentan las religiones paso olímpicamente o sea que tengo descartado de que sea una llamada de dios, siempre los sueños los mismos en el acantilado sobre el mar y en cada uno sacado reflexiones sobre lo que me quiere decir la naturaleza con el sonido del viento, lo de la cuerda nunca supe su significado hasta hace unos días, como en cada sueño nada cambiaba y en ninguno de ellos hay respuestas de la naturaleza, pensaras que me he vuelto un excéntrico o loco, no se lo he contado a nadie quizás la alegría de volver a verte me ha hecho que tú seas el confesor de los sueños que me quitan el sueño durante este tiempo atrás, ayer al igual que todas la noches me encontré inmerso en el mismo sueño, pero en este fue todo igual a excepción de cuando me retire del acantilado escuche con más fuerza de lo normal el golpeteo de las olas contra el acantilado, el azul del cielo se cubrió de nubes grises,  la cuerda como siempre estaba allí esta vez balanceándose a expensas del viento que se había levantado, después de varios intentos por atraparla al fin en uno de ellos la agarre, mire hacia arriba siguiendo la línea que trazaba hacia el cielo en ese momento gris, intente como lo hacía siempre de tirar de ella pero esta vez fue la cuerda la que hacia impulso hacia arriba, la solté rápidamente imagine que podía ser por el viento, la volví a coger esta vez sin ninguna dificultad y lo mismo de antes ella era la que tiraba hacia arriba, esta vez me sujete a ella con fuerza y sentí que me elevaba con ella, me aferre a ella con todas mis fuerzas, al llegar a la altura de las primeras nubes grises paro de ascender…

Rafael se que lo que te estoy contando es para no creérselo, pero te lo estoy contando tal cual ha sido el ultimo sueño, vi como colgaban cientos, miles millones de cuerdas y de ellas colgados y sujetas personas, las cuerdas colgaban de las nubes grises yo estaba sentado en una de ellas y podía escuchar conversaciones a la lejanía, ande por las nubes hasta a cercarme a una que estaba unida a otra toda blanca en esta había muchas mesas lujosas de despachos, detrás de ellas mujeres y hombres todos trajeados hablando entre ellos y de sus mesas salían las cuerdas, en el sueño me era imposible ponerles fisonomías a la esas personas, todas ellas con grandes sonrisas en las caras y de vez en cuando echaban carcajadas a sus comentarios, había bastantes personas allí y la verdad tengo que decir que quizás las respuestas que no me daba la naturaleza estaban allí, las nubes grises empezaron a difuminarse, me deslice con cuidado por la cuerda hasta poner los pies en la tierra, había visto con mis propios ojos en el sueño la verdad por la cual había guerras en el mundo, la causa por la cual millones de niños morían de hambre, la razón de que algunas multinacionales tuvieran esclavizados a millones de personas trabajando en situaciones infrahumanas para que sus marcas arrasasen en un mercado de consumismo sin fronteras, los que manejaban a su antojo a mandatarios de países en desarrollo, no podía interpretar de otra manera el sueño.  

Rafa en el ultimo sueño he empezado a comprender a la naturaleza, ella no está dispuesta a que la manejen como una marioneta como nos manejan a nosotros, ella defiende como puede su casa que es el planeta y no creo que los desastres salgan de ella sin haber alguna parte de culpabilidad de los que están manejando las cuerdas.

Estoy convencido que estamos manejados a su antojo ¿quiénes son? exactamente no lo sé y si alguien lo sabe y tiene la conciencia tranquila de no hacer algo por cortar las cuerdas, creo que de humano tiene poco.

Esas personas que he visto en el sueño son anónimas para la inmensa mayoría de nosotros, ellos son los que a su antojo y por intereses de poder hacen que en países como el nuestro estemos pasando de ser un país prospero a estar estancados.

Rafa llevo un año sin trabajo viviendo de la caridad de la familia y de amigos, sabes que nunca me he familiarizado con ningún partido político, tampoco quiero poner de mi boca si lo hacen unos bien y otros mal, lo único que deseo es vivir dignamente de mi trabajo, se que este café que nos hemos tomado te abra sabido algo amargo, igual estoy equivocado con la interpretación de mis sueños y sobre todo con el ultimo.

Espero poder seguir soñando como lo he hecho durante toda mi vida, porque si he de decirte la verdad prefiero soñar que siempre es lunes a que todos los días de la semana sean domingos sin disfrutar de un merecido descanso, echo de menos poder tener en el bolsillo algunas monedas para echar en el sombrero de algún artista callejero o poder llegar a casa con una sonrisa verdadera y no sobrepuesta, no tener que ir al banco y aguantar las lagrimas para que me aguanten los recibos de la luz o del gas, no tener que dar pena y si la doy que sea por haber hecho alguna estupidez y no por querer vivir dignamente, yo como millones de personas no queremos ser marionetas en un mundo que nos pertenece tanto o más que a esos inhumanos que manejan las cuerdas.

Se esconden detrás de las creencias de las religiones para manejarlas a su antojo, creencias respetables ancestrales las están enterrando sin ser enterradas para cuando a ellos les convengan volverlas a desenterrar, juegan con las razas como fichas de un juego de mesa, todo por unos intereses con el único objetivo de tener el poder sobre un planeta que lo que más necesita es de la libertad con la que gira.

Me quede en silencio sin encontrar palabras para reconfortarle, quizás fuese por el nudo en la garganta que me ahogaba, sus lagrimas aguantaron inundando sus ojos, creo que eran las ultimas que le quedaban y no quería desperdiciar algo tan valioso que le quedaba sin que se las hubieran arrebatado los inhumanos de las cuerdas.

Nos miramos los dos a los ojos y nos fundimos en un abrazo, pague los dos cafés y nos fuimos andando mirando al cielo y rogando que algún día dejen de existir esas cuerdas que nos sujetan a muchos como marionetas.

 

Rafael Huertas      

miércoles, 4 de septiembre de 2013

ESPERANDO A MIS SOMBRAS



 

Entre sueños me encuentro navegando perdido sin rumbo, como un viejo marinero implora a las tormentas que vuelvan a la calma para navegar y llevar a buen puerto a su barco, yo suplico en mis sueños. A veces entre ellos transito sin senda marcada, me encuentro con cruces de caminos que me dejan ante la indecisión de cuál de ellos me llevara a buen destino.

Cuando me encuentro en ellos rodeado de fantasía no hay príncipes ni princesas ni hadas ni duendes, están envueltos en la nada de la oscuridad sin salida sin magia, sin el brillar de las estrellas se vuelven pesadillas.

Sueños despertando mis adentros con los ojos cerrados intentando percibir la luz.

A veces me encuentro en ellos como un pájaro sin alas, como si la vida sin volar no fuera vida.

Sueños rodeados de recuerdos sin poderlos ordenar, esperando el sueño que haga realidad alguno de los recuerdos.

Sueño también despierto esperando a la compañía del sueño en la noche por si se ha hecho realidad.

Sueños en abismos de locura con la tristeza de la desesperanza y sin la compañía de mis sombras ni de noche ni de día.

 

Rafael Huertas

domingo, 14 de julio de 2013

ISAAC, EL NIÑO QUE PERDIO LA IMAGINACION Y LA FANTASIA





 

 

Era finales de la primavera, una mañana llena de luminosidad y los rayos del sol con todo su esplendor, la naturaleza en todo su estado vigoroso. Desde la pradera del parque donde estaba sentado, se veía gran parte de Madrid. Algún que otro gorrión remolón, se entremezclaba con algunas palomas y picoteaba a través del césped buscando algo que llevarse al buche.

Que mejor manera de comenzar el día, con un libro entre las manos debajo de la sombra de un árbol y dejando volar la imaginación.

De pronto escuche una voz… me era conocida.

-¿Qué haces? – me pregunto.

.-Leyendo un libro- le conteste. Durante unos instantes me quede pensativo, esa voz… me recordaba a períodos de mi infancia ¡Era mi amigo imaginario!

-Cuanto tiempo sin venir a verme- le dije.

-Bueno, he visto que últimamente no me has echado mucho en falta.

-Se que siempre estás ahí cuando necesito de ti amigo- le comente.

-¿Y que lees? Me pregunto.

- Es un libro que cuenta la historia de un niño que perdió la imaginación y la fantasía- le conteste.

 -¿Quieres que te lo cuen…?- antes de acabar de hacerle la pregunta su respuesta fue…

-Si claro- asintió con la cabeza.

Los dos sentados uno junto al otro, en una de las praderas del parque y con el aroma del césped cortado del día anterior me puse a leer el libro…

Todo transcurrió durante una época en que la guerra arrasaba mediomundo, un hombre llamado Adolfo fue el causante, sus tropas iban arrasando Europa y creando el terror al  pueblo judío que persiguió durante todo su mandato<pero esa es otra historia>

Isaac era un niño normal como todos los de su edad de diez años, de pelo color castaño, ojos alegres de mirada avispada, de complexión delgado y espigado, siempre correteando a todas partes, después de sus obligaciones escolares él se encargaba de repartir los pequeños encargos de la tienda de comestibles que tenían sus padres, vivan en un pueblo de Polonia. Era hijo único de Adina y Jabub, familia de transcendencia judía, su afecto hacia los más necesitados hacia que fueran queridos y respetados en el pueblo.

Los tiempos no parecía que fueran a correr muy buenos para lo que se acontecía, las emisoras de radio no dejaban de dar noticias, sobre los acontecimientos de los países atacados y sometidos a las armas del numeroso ejercito de Adolfo, llegaron rumores al pueblo donde vivían Adina, Jabub e Isaac, de la persecución a la que eran sometidos los judíos.

Adina y Jabub se llegaron a plantear dejar el pueblo si los rumores eran verdad y llegado el momento huir por el bien de Isaac. Mientras, Isaac al igual que todos los niños del pueblo continuaba en su mundo de estudios, juegos y fantasías.

Llego el momento menos esperado y las tropas lograron llegar al pueblo, algunas de las familias judías del pueblo pudieron huir, pero Adina, Jabub y otras personas fueron apresadas por el ejército de Adolfo. Jabub tuvo tiempo de pedir el favor a un amigo suyo para que falsificase la partida de nacimiento de Isaac antes de que llegase el ejército y que le cambiara los apellidos como si fuera hijo suyo, así lo hizo su buen amigo.

El pueblo estaba totalmente rodeado y nadie podía escapar. Colocaron en fila a los habitantes en la plaza del pueblo, mientras unos oficiales del ejército iban comprobando las tarjetas de identidad de estos, a unos los enviaban a la iglesia del pueblo para verificar los papeles, la mayoría de los que metían en la iglesia eran de transcendencia judía, cuando les llego el turno a Adina y Jabub se abrazaron, miraron a Isaac que se encontraba de la mano del amigo de la familia detrás de ellos en la fila, Adina se agacho a su altura y le susurro al oído –No hagas ni digas nada, aunque nos separen de ti hijo, es por nuestro bien- Adina aguanto las lagrimas en sus ojos, para que no se las deslizasen por sus mejillas.

Isaac, no comprendía  el porqué de esas palabras de su madre, pero si era por el bien de ellos, como buen hijo la obedecería.

A los que estaban en la iglesia les subieron en un camión militar a la vista de todos, sacándolos del pueblo escoltados por un vehículo armado con una ametralladora, Isaac no pudo aguantar el separarse de sus padres y echo a correr tras el camión militar.

A las afueras del pueblo el camión se desvió por un camino y paro a una veintena de metros de la carretera, los soldados hicieron bajarse a sus ocupantes, los ataron con las manos atrás, los vendaron los ojos a la vez que les obligaron arrodillarse. Isaac llego justo en ese momento, se escondió detrás de unos matorrales para no ser visto, el camión dio la vuelta hacia la carretera abandonando en el lugar a los prisioneros y al vehículo con la ametralladora.

Isaac echo a correr hacia donde estaban sus padres, pero el ruido repetitivo de los disparos de la ametralladora hizo que quedase paralizado, nunca podre describir el dolor de Isaac y los sentimientos de dolor sufridos al ver esa escena, un niño de diez años que su mente rebosaba imaginación y fantasía.

Pasó el tiempo e Isaac dejo de ser ese niño imaginativo a la hora de jugar, los sueños de fantasías se le volvieron pesadillas, sin poder imaginar la magia, la fantasía al leer un libro. Vivió como un hijo más con la familia amiga de sus padres, siempre retirado de los juegos con sus amigos.

Hasta que un día, empezó a escuchar una voz que le salía de algún lugar de su cabeza…

-¿Isaac quieres ser mi amigo?- no había contestación por parte de Isaac, había perdido la imaginación y no podía saber de quién se trataba, así la voz se estuvo repitiendo durante unos días. La voz cambio de estrategia para obtener el caso de Isaac.

-Isaac, si no eres mi amigo, moriré- le dijo la voz.

-¿Porque vas a morir, si no soy tu amigo? No te entiendo- pareció que había dado resultado la nueva estrategia de la voz.

- Soy tu amigo imaginario, al que has tenido olvidado en tu mente, perdiste la imaginación y la fantasía tras lo ocurrido a tus padres, tus sueños necesitan de la fantasía así con ellas podrás recordar a tus padres de otra manera, piensa que a ellos les gustara donde estén, que tú seas feliz con tus fantasías y que hagas felices a los demás, no permitas jamás que muera tu fantasía, exprime tu imaginación con mi compañía cuando la necesites en la vida.

De su mal en una época de su infancia paso a ser un hombre feliz y haciendo felices a los que leían sus historias fantásticas. Y escribiendo siempre acompañado de su amigo imaginario.

 

 

14 - 7- 2013

 
Rafael Huertas

domingo, 30 de junio de 2013

MOTEL TERROR


LA HABITACIÓN   109

 

1ª PARTE

 

No sé cuánto tiempo estuve sin dormir en esa habitación (101), con todo el cuerpo dolorido pude acercarme a la puerta de la habitación al escuchar unas carcajadas estruendosas que venían de algún lugar del edificio, pude ver como por debajo de la puerta entraba un haz de luz y como la puerta se entreabría, sin perder un instante la abrí de par en par ¡Por fin estaba fuera de la habitación! Se había acabado la pesadilla.

En lo primero que pensé fue ir a buscar a mi amigo Jesús, me acerque a la habitación 113, mi sorpresa fue que la habitación estaba cerrada con cadenas de un lado a otro de la puerta y con escritos en color rojo, supuse que serian de sangre que ponían… CREE CREE CREE CREE CREE

Golpee la puerta varias veces a la vez que gritaba -¡JESUS  JESUS estas dentro!- No hubo respuesta alguna.

Por un momento pensé que me habría quedado dormido en la habitación y que me estaba empezando a pasar factura el haberme quedado dormido, pero si era una pesadilla era demasiado real para que fuera.

¿De quién serian las carcajadas? ¿Qué estaba pasando en aquel lugar? Tenía que encontrar a mi amigo Jesús, y quizás entre los dos podríamos encontrar las respuestas. Pude escuchar el tintineo de una campanilla, recordé que en recepción había una sobre el mostrador y me dirigí hacia allí, estaba todo igual que cuando llegamos, la campanilla estaba en su sitio ¿pero quien la había hecho sonar?... Al lado de la campanilla una llave, era de la habitación 109. Todo me parecía tan extraño, alguien había hecho sonar la campanilla cogí la llave de la habitación 109, nada mas coger el llavero de la habitación las luces empezaron a encenderse y apagarse, me dirigí de nuevo al pasillo, al llegar a la altura de la habitación 101 vi que la puerta estaba entreabierta, acelere el paso e intente no recordar lo ocurrido dentro.

El único sonido que se escuchaba era el de mi respiración y el producido por mis pasos, empecé a sentir unos pequeños temblores en mis pies a cada paso que daba por el pasillo dirección de la habitación 109, detrás de mi escuche como algo se resquebrajaba me gire para ver que podía ser.

 ¡Dios mío! Era el suelo del pasillo que se iba abriendo por la mitad, acelere mis pasos, el calor que desprendía la grieta desde su interior era insoportable, tenía que escapar de ese infierno porque no se le podía llamar de otra manera, el pasillo se hacía eterno la numeración de las habitaciones se repetían, el pasillo parecía no tener  final y la grieta cada vez se me acercaba mas, iba intentando abrir alguna habitación pero todas estaban cerradas, las fuerzas me empezaron a flaquear hice un último esfuerzo y conseguí  llegar a la 109.

Con los nervios a flor de piel, atine a introducir la llave en la cerradura y pude entrar en la habitación. Estaba agotado, me sentía aterrado por los acontecimientos que  estaban ocurriendo, demasiadas preguntas en mi mente y ninguna sin respuesta, era como estar viviendo en un mundo paralelo sin saber cómo salir del irreal ¿o quizás era real lo que estaba pasando? La decoración de la habitación la conformaban muebles de estilo barroco, muy cargados en tallas, tanto la cama como un sillón de madera con un gran respaldo, el baño tenía una bañera con pies y con grifería de estilo antiguo, me extraño que no hubiera televisor, unos grandes cortinajes tapaban la ventana que supuestamente daba al exterior, al pie de la cama un baúl también antiguo forrado en piel con sus esquinas rematadas con chapas esquineras, un armario del mismo estilo en acorde con el mobiliario y una lámpara de seis brazos de hierro forjado, deje mi mochila encima del baúl y me dispuse a tumbarme e intentar descansar y intentar poner en orden en mi cabeza todo lo acontecido, tenía mis pensamientos tan aturdidos que hubo instantes que pensé, que la locura se había aferrado a mí y que ya no sabía distinguir lo real de lo irreal .

Me senté en la cama recostado sobre la cabecera, y poco a poco empecé a sentir un frio gélido debajo de mí, no sé como paso pero en un abrir y cerrar de ojos me encontré en la misma posición pero sobre la losa de una tumba en un cementerio.

 - ¡No por favor! ¡No por favor! - Grite desesperadamente. Di un respingo y me levante como alma que lleva al diablo, mire la tumba y… -¡no!- En la lapida de la tumba esculpidas en negro las letras con mi nombre, mi fecha de nacimiento pero… faltaba la fecha de fallecimiento. -Esto es para volverse loco- me dije hacia mis adentros

Era de noche y la Luna intentaba tímidamente iluminar el lugar pasando sus rayos de luz a través de unos cipreses que custodiaban el campo santo, una baja y leve bruma de un color grisáceo se extendía por el suelo como una alfombra.

El silencio lo rompían unas aves nocturnas con su graznar y el sonido al resquebrajarse las hojas secas pisadas con mis cortas pisadas, me quede paralizado delante de mi… - No, no, esa no podía ser mi tumba- me dije.

De repente la losa de la tumba se empezó a deslizar a la vez que las aves, asustadas por el chirriar de la piedra se izaron revoloteando hacia el oscuro cielo…

Continuara…

LA HABITACIÓN  109
 
2ª PARTE
 
Una parte de mi me decía que esperara a ver que podría haber en el interior, la curiosidad intentaba ganar la partida al miedo, pero el chirriar de la losa de la tumba empezó a estar acompañado por el de otras, empezaron abrirse todas las del cementerio. Mis vista no daba crédito a lo que estaba ocurriendo, de la tumbas empezaron a salir los muertos con movimientos torpes y emitiendo alaridos y bramidos que hacía que mi piel se me erizada haciéndome sentir dolor, todos se empezaron a dirigir donde yo me encontraba, en la lucha entre mi curiosidad y mi miedo, gano el miedo y sin pensarlo todos mis sentidos se pusieron de acuerdo para poder huir de aquellos seres muertos, muertos vivientes o lo que fueran.
La única que parecía que intentaba ayudarme era la Luna, o me lo parecía a mí, su resplandor  hizo que la bruma se escondiera entre las tumbas abiertas, mientras yo Iba intentando sortear las tumbas a la vez que a mi paso, los muertos intentaban desde sus tumbas engancharme las piernas con sus manos huesudas, tropecé un par de veces con unas cruces caídas, pero pude incorporarme ileso y continuar mi huida. Corrí en todas direcciones intentando hallar la salida, el cementerio era pequeño no había entrada, no tenia por donde salir e imposible saltar la valla, tenía una altura enorme.
Vi que en una esquina había un panteón y me dirigí sin parar de correr hacia allí. La puerta de hierro ocupaba todo el frontal del panteón a sus laterales estaba como custodiado por dos esculturas de ángeles caídos con las  alas rotas y resquebrajadas imagino que por las inclemencias del tiempo, me quede fijo un instante viendo la cúpula y lo que más me llamo la atención fue que tenía una cruz, pero en posición invertida. No tenía tiempo para fijarme en más detalles de la pequeña arquitectura, ya que los muertos estaban a pocos metros de mí. Apoye mis dos manos sobre la puerta para abrirla, no fui capaz de moverla, a saber el tiempo que llevara cerrada, pensé, me di la vuelta para no perder la vista a los muertos que se pararon a escasos metros de la entrada, había mujeres, hombres, entre ellos pude ver a la mujer que estaba atada con los cables de espinos en la habitación 101, la mayoría con las ropas andrajosas y manchadas de sangre, algunos de ellos con algún miembro mutilado, sus rostros parecían estar castigados por el horror, pero lo que más me impacto fue ver a unos niños delante de todos ellos cogidos de las manos y con sus ropas mojadas.
Parecía que se habían calmado, sus alaridos habían parado al llegar a esa esquina del cementerio, quizás fuese por estar delante del panteón, no se cual sería la causa ni cuánto tiempo pasaría hasta que se abalanzasen hacia mí para… no quise ni pensarlo.
Pasado uno segundos, empezaron como a impacientarse y vi como en el cielo una nube solitaria se empezaba a interponer entre el reflejo de la Luna y el lugar, empecé a recular el medio metro que me separaba de la puerta a la vez que ellos daban pasos cortos acercándose hacia mí. Con la espalda apoyada sobre la puerta, note como la gran puerta cedía hacia adentro, por una pequeña abertura logre deslizarme hacia adentro cerrándola de un empujón y echando el cierre a ella a través de un cerrojo  oxidado.
La oscuridad era total dentro del panteón, rebusque en mis bolsillos para sacar el mechero, con la poca llama de él vi en una de las paredes una antorcha, conseguí encenderla después de varios intentos. El interior era más grande de lo que parecía desde afuera. No parecía que fuera un panteón familiar, la temperatura era fría, las paredes estaban desnudas tan solo dos antorchas cada una en las paredes de los laterales de la puerta de entrada, en el centro una piedra de mesa circular y detrás de ella pegado a la pared, un sarcófago de mármol blanco al igual que la mesa.
Me acerque con cierta prudencia a verlo más de cerca, en la mesa había una especie de pergamino enrollado y atado con un cordel negro, lo desate para ver  de qué se trataba, estire el pergamino y lo puse a favor de la luz para ver su contenido, estaba escrito en una especie de lengua antigua, podía ser latín <Polluistis in loco sacro mortis, numquam de> (Habéis profanado un lugar sagrado de la muerte, nunca saldréis de él)
El mensaje no era muy confortador que digamos, deje el pergamino encima la mesa. Estaba entre cuatro paredes, los muertos vivientes seguían afuera escuchaba sus alaridos, lo extraño es que no se acercasen a la puerta e intentasen abrirla, era como si este lugar les fuese prohibido para ellos.
No recordaba que Jesús y yo transitáramos cerca de ningún cementerio, tampoco que hubiera pueblos en los alrededores del Motel
 ¿Un cementerio sin entrada ni salida? Volvían a mi cabeza preguntas sin respuestas y si las había no entraban dentro de lo razonable
 ¿Quizás había llegado mi hora? Cada vez que recordaba esa tumba con mi nombre y que podía llegar a ser como  los seres que estaban fuera, me entraban sudores fríos que me helaban la sangre, si antes de  la visita de la muerte a nosotros hay que pasar por estos momentos de pesadillas irracionales, la verdad que es para tener terror a morirse.
Me acerque a la puerta parecía que no se escuchaba nada al otro lado de la puerta, tenía que abrir la puerta para ver si todavía estaban los muertos vivientes fuera, pasados unos minutos sin escuchar nada decidí abrirla, el chirrido del cerrojo al moverlo me hizo sentir daño en los oídos, creo que eran los nervios de no saber si seguirían esperándome, abrí la puerta lentamente intentando no romper el silencio, los latidos del corazón hacían que se abultase la camisa en cada latido ¡Gracias a dios! Solté un suspiro de alivio, al ver que me encontraba de espaladas dentro de la habitación 109, había sido todo una pesadilla gracias a dios… Pero al girarme ¡Dioss! Un hombre ahorcado de la lámpara de hierro y todavía con impulsos de vida sus pies daban patadas de desesperación, corrí a sujetarlo para intentar sujetar su peso. Alce la vista y vi como su cara sonriente me miraba como desafiante y por su boca salió una voz grave y con algo de eco como si no saliera del, y me dijo.
Todo el que entra en este lugar, esta profanando el lugar sagrado de la muerte, nadie que entra, saldrá de él. Este lugar está construido sobre un cementerio infernal de demonios y será vuestro próximo destino después de la vida
 
Rafael Huertas

EL SENTIR DE LA VIDA



El sentir de la vida no es un sentimiento mas,
es el placer de tener necesidad de vivir.
No caer en el abismo de una soledad sin ninguna salida. 
Sentir la necesidad del aliento fresco de los amaneceres.
Sentir el calor de una mano amiga que te guie por el camino sin errores.
Es sentir el calor de unos labios desnudos.
La necesidad de ayudar sin que nadie te lo pida.
Hacer del caer de las lágrimas, un lago de felicidad.
La necesidad de tener el apoyo de alguien, que te hirió en alguna batalla.
Es a veces tener el compromiso de perdonar, a quien nunca te perdonará.
El sentir de la vida es un largo camino, no perdamos la oportunidad que nos ofrece la vida de sentirlo.

Rafael Huertas-10-10-2012

domingo, 16 de junio de 2013

MOTEL TERROR


Relatos de Jesús Vera y Rafael Huertas

 

MOTEL TERROR

 

El coche se paró de repente en una carretera secundaria y solitaria, echamos andar a lo lejos vimos unas luces que se apagaban y encendían, parecía un motel de carretera. Tenía una zona de aparcamiento en la entrada, al acercarnos a la puerta las luces que parpadeaban del cartel de la carretera se apagaron, no había ningún coche aparcado, lo único que se escuchaba era el sonido nuestros pasos dirigiéndose hacia la entrada.

La recepción estaba vacía, sobre el mostrador de recepción había una campanilla, la hicimos sonar varias veces nadie apareció, después de desaparecer el sonido campanilleante, un silencio sepulcral se apodero del entorno. Después de esperar unos minutos, nos dirigimos hacia la entrada donde un letrero indicaba habitaciones, mi amigo y compañero de viaje Jesús y yo lo único que deseábamos era descansar de tantas horas de viaje. Cruzamos lo que parecía la entrada a un largo pasillo con lámparas colgadas de las paredes con luces tenues, ambos lados puertas entreabiertas, no cabía duda de que el motel estaba completamente vacío y aquello era muy raro pues no había indicios de desperfectos ni de que estuviera abandonado.

Sin pensarlo, echamos andar por el pasillo para acomodarnos en dos habitaciones, las luces empezaron a encenderse y apagarse, notamos como una brisa fría traspasaba nuestros cuerpos, las dos primeras puertas estaban situadas a la derecha del pasillo y estaban entre abiertas, al llegar a su altura las luces interiores se encendieron, Jesús y yo cruzamos nuestras miradas.

-Rafael, no lo pensemos e intentemos descansar, no estamos haciendo nada incorrecto, mañana pagaremos las habitaciones, llamaremos a que nos reparen el coche y seguiremos nuestro camino-  me comento.

-Así lo haremos, pero aquí ocurre algo anormal Jesús, hasta mañana que descanses.

Cada uno nos dirigimos a una habitación, yo entre en la primera la 101.

 

Habitación 101

Nada más cruzar la puerta, esta se cerró de repente al pasar a la habitación, me quede perplejo ya que no vi que hubiera mecanismo para que las puertas se abrieran ni cerrasen solas.

La habitación era sencilla como la de cualquier motel de carretera, paredes pintadas en color ocre, del techo colgaba una de esas lámparas que a su vez tienen un gran ventilador con grandes aspas, una cama bastante amplia, un sifonier de varios cajones, una mesa escritorio debajo de una ventana que daba al aparcamiento con una silla giratoria, en un rincón un sillón orejero, dos mesillas ambos lados de la cama, en una de ellas un teléfono, enfrente a la cama un armario empotrado de dos puertas una de ellas de espejo y justo al lado, el baño completo con ducha, un televisor sobre un mueble bar vacio de bebidas, todo ello en buen estado y aparentemente limpio. El único equipaje que llevaba era una mochila, al dejarla sobre  la mesa del escritorio, me fije que había una llave, debía de ser la llave de la habitación.

Me dispuse a darme un baño rápido y descansar, una vez tumbado en la cama descolgué el teléfono el cual no tenia línea como sospeché, por un momento me quede pensando en lo extraño del motel.

No sé qué hora seria, cuando me despertaron unos ruidos de pasos, lo más extraño es que provenían de la parte de arriba de la habitación.

¡Pero un momento, el edificio era solo de una planta! Los pasos rompían el silencio de la noche, recorrían el largo de la habitación de un lado para otro sin parar, del techo a la  cubierta del edificio no había altura para que nadie pudiera andar, los pasos no paraban. Me levante para dirigirme a la habitación de Jesús, la puerta estaba cerrada con llave, cogí la llave que se encontraba sobre la mesa escritorio, pero esa llave no abría la puerta. Los pasos pararon al intentar abrir la puerta.

El teléfono empezó a sonar, lo descolgué pero no escuche por el auricular nada ni a nadie. Volvieron los pasos por el techo y el televisor se encendió, no vi el mando a distancia por ningún sitio, lo desenchufe de la corriente y se apago, todo transcurría muy deprisa, hubo un instante que pensé que podía estar teniendo una pesadilla, me senté en el sillón para intentar tranquilizarme, creo que me quede transpuesto no se cuanto tiempo, cuando desperté…

¡Dios! Sobre la cama yacía una mujer rodeada por todo su cuerpo con alambre de espinos, Le habían vaciado los ojos, la boca la tenía entre abierta y se la podían ver los globos oculares entre los dientes, era rubia y a pesar del estado en el que se encontraba, se la veía que hubiera sido una mujer hermosa, la cama estaba totalmente bañada de sangre ¿Quién podía haber hecho una cosa así? ¡Qué está ocurriendo?

De nuevo los pasos por el techo, intente de nuevo abrir la puerta, pero el intento fue en vano. Me dirigí hacia la ventana, descorrí las cortinas y cuál fue mi asombro…, cuando vi que la ventana estaba tapiada, antes de llegar a la entrada del motel no había ninguna ventana tapiada, me di la vuelta y… la mujer atada ya no estaba en la cama, parecía que todo había vuelto a la normalidad, podía ser que los nervios y el cansancio me estuvieran pasando una mala pasada, decidí acostarme en la cama e intentar dormir.

Nada mas tumbarme en la cama, la temperatura de la habitación empezó a bajar de repente, el frio era cada vez más intenso, era pleno verano y cuando llegamos hacia una noche esplendida, no había aire acondicionado en las habitaciones, empezó a crearse una especie de neblina causado por el intenso frio, no sé como ocurrió pero la ventana empezó abrirse y cerrarse con gran fuerza, la neblina desapareció, el espejo de una de las puertas del armario estaba empañado y de pronto… como si alguien escribiera sobre él, se formo la palabra ¡AYUDAME!





MOTEL TERROR

Habitación 101

2º capitulo

 

La noche iba avanzando y los acontecimientos nada normales sucedían muy deprisa en la habitación, la confusión se apodero de mí y me surgieron preguntas sin saber como podía conocer las respuestas, al único que podía acudir en aquel espeluznante lugar era a mi amigo Jesús. Me levante y me dirigí a la puerta de la habitación de nuevo, con firmeza gire el pomo de la puerta  esta vez la puerta se abrió y pude respirar cierta tranquilidad al poder salir de esa espantosa habitación. La abrí despacio y con cierta cautela… ¡Pero el pasillo había desaparecido!

 Clame - ¡No, por dios! - La puerta de la habitación daba a otra habitación, era la misma de la que salía, estaba atrapado, - esto no puede ser - pense. Cerré de nuevo la puerta y la volví abrir, el escenario era  el mismo, cruce la puerta por ver si algo había cambiado, pero no, era la misma habitación. ¿Qué podía estar ocurriendo? O quizás la pregunta era ¿Qué es lo que había ocurrido en esa habitación? ¿Quién podía ser la mujer atada con alambre de espinos?

La luz de la habitación empezó a bajar de intensidad, las puertas del armario se empezaron a abrir y a cerrar solas, de pronto, se cerraron bruscamente y el ventilador de la lámpara que colgaba del techo empezó a girar con tal fuerza que las aspas salieron despedidas, una de ellas quedo clavada en una de las paredes y  la puerta de espejo del armario empezó a resquebrajarse a la vez que la silueta de una mujer empezó a reflejarse en el, era la mujer que estaba atada en la cama, lucia un vestido largo blanco por el cual se le apreciaba un avanzado estado de gestacion a pesar de ello, era esbelta y de una gran belleza natural con unos ojos de azul intenso, pero en su rostro se reflejaba odio y terror.

Lo único que se me ocurrió preguntarla era si ella habia escrito en el espejo la palabra “AYUDAME”

Me sobresalte al ver que intentaba hablarme a la vez que sus ojos se inundaban de lágrimas, cuando girando su cabeza y con la mirada puesta en la pared donde se encontraba la cama se formaban frases como: NO DUERMAS O EL TERROR TE LLEVARA A LA MUERTE. ESTAS ATRAPADO EN LA HABITACIÓN. NO DUERMAS, NO DUERMAS.

Nada mas escribir la última palabra la silueta de la mujer se difumino del espejo,  aquel mensaje me dejo sin aliento.

-¡No te vayas! – Grite. ¿Quién eres? ¿Qué puedo hacer? Mis preguntas se quedaron en el aire  que se respiraba en la habitación.

El teléfono empezó a sonar, no lo deje sonar más de dos veces lo descolgué…

-¿Quién es?- Pregunte.

-No duermas- era una  voz temblorosa de mujer.

-¿Que quieres de mi?- Le pregunte.

-Serás victima para alimentar a los hijos endemoniados de la muerte, - no duermas - Esas fueron sus ultimas palabras, despues el telefono se quedo sin tono.

Aquella situacion empezo a atemorizarme, ¿cuanto tiempo podria estar sin dormir? Mis pensamientos empezaron a imaginar como seria una muerte, por sueño, cansancio, seria horrible como los sentidos se irian atrofiando, tampoco tenia nada para comer dentro de la habitacion y pense que todo tenia  que ser una pesadilla aquello no podia ser real lo que me estaba ocurriendo, no podia ser real.

Cuando por debajo de la puerta, vi como echaban lo que parecia una carta, me acerque a la puerta para ver lo que era, efectivamente era una carta con manchas rojas parecian gotas de sangre, me dispuse abrirla para ver su contenido, eran varios folios escritos a mano los cuales decian: <<Mi nombre es Laura, yo tambien quede atrapada en esta habitacion y no he sido la unica persona, aguante unos dias hasta que el sueño me vencio. No se como sali de la habitacion pero cuando desperte, me encotraba atada con uno alambre de espino en una cama de medio cuerpo para arriba, el lugar era lugubre, era un habitacion con paredes de piedra, candiles colgados de las paredes, la luz era mas bien escasa pero podia ver algunos detalles como una cuna al lado de donde estaba tumbada, no puedo decir el tiempo que transcurrio, desde que me trasladaron a ese horrendo lugar, pasado un tiempo senti como alguien se acerco a la cabezera donde me encontraba y con voz ronca me susurro al oido.

-Vas a sentir un placer que nunca has sentido, mi nombre es TERROR- Nada mas decirme eso se dirigio a la zona opuesta de la cabezera, senti como se tumbaba encima de mi y oprimia su cuerpo hacia el mio a la vez que bruscamente me separaba las piernas, mis gritos no tenian sonido, no me podia escuchar por mas que lo intentaba, cada vez que intentaba moverme los espinos del alambre me rasgaban la carne y se me intoducian en ella, fueron unos minutos de penetracion que se me hicieron interminables sentia como se me desgarraban mis partes intimas, a la vez que me penetraba con algo frio como el hielo, su vestimenta era una capa con capucha negra que le cubria todo el cuerpo, era un cuerpo sin rostro, cuando acabo la penetracion se puso a la altura de mi cara y pude ver por la abertura de la capa su miembro,era como como un pene encangrenado goteandole algo de color negro y mal oliente. Con voz rasgosa me dijo -Tendras el placer de engendrar un demonio al servicio de la Muerte- esas fueron sus palabras antes de retirarse.

Engendre un demonio para la muerte y nada mas nacer, el mismo demonio que engendre durante no se el tiempo, me arranco mi alma y deambulando estoy en el mas alla.

¡NO TE DUERMAS, NO TE DUERMAS! O TUS SUEÑOS SE CONVERTIRAN EN PESADILLAS DE LAS QUE LA MUERTE SE APODERARA DE TI PARA DAR DE COMER Y SATISFACER A SUS DEMONIOS.

Esto era lo escrito en la carta que me dejo Laura.

Nota para los que habeis leido mi relato: Si quizas algun dia si os dormis, podais encontrar una carta escrita por mi, en el MOTEL TERROR.

 

Rafael Huertas

miércoles, 1 de mayo de 2013


 


 

Mis padres aquel año por circunstancias, se tuvieron que quedar en Madrid y decidieron mandarme con unos amigos con los que solíamos salir a pasar algunos Domingos al campo, menos mal que su hijo era de la misma edad que yo.

Beatriz y Antonio eran amigos de mis padres de la infancia, sus hijos Yolanda y Oscar, éramos como hermanos, bueno con Yolanda ya no, desde que empezó a usar sujetadoderes se volvió una cursi repelente, ella tenía entonces 17 años y yo 13 al igual que Oscar, mi hermano David se quedo en Madrid, según él, se quería quedar a echar una mano en casa y así aprovechaba a recuperar dos asignaturas que le habían quedado, ya que mis padres decidieron hacer reforma en casa ese verano, aunque yo sabía perfectamente que David se quedaba, porque andaba con los ojos puestos en una chica y creo que no se fiaba de que alguno de sus amigos se la quitase. Lo que hace el amor de juventud.

Beatriz era de un pueblecito de León lindando con los Picos de Europa, sus padres los abuelos de Oscar Vivian también en Madrid, pero pasaban la mayor parte del año en el pueblo y ese año decidieron pasar allí las vacaciones, tanto Oscar como yo hubiéramos preferido que ese año el destino hubiese sido algún lugar de la costa.

Aquel año se preveía que los termómetros siempre el mercurio estuviese a punto de reventar más de un termómetro. Llego el día de partir, de mi padre me despedí la noche anterior ya que él trabajaba, mi hermano la noche anterior me estuvo dando consejos de cómo podía ligar con las chicas del lugar y si veía en la ducha a Yolanda que le llamase para contarle como era el tamaño de sus pechos, el muy depravado, mi madre mujer muy prevenida me tenia hecha la maleta hacia unos días, al verla pensé que diplomáticamente me echaba de casa, me sobraría la mitad de ropa que me llevaba, sobre todo a lo de lana, Beatriz la debió comentar que por las noches refrescaba en el pueblo, pero de llevar ropa porque refrescaba a llevar a llevar ropa de abrigo, hay diferencia, digo yo. Una vez cerrada la maleta, metidos los libros para repasar en la mochila, vinieron los consejos de madre cuando te separas unas semanas de ellas. Haz caso a lo que te digan, comete todo lo que te pongan sin rechistar, estaros tanto Oscar como tú en casa a la hora que os digan, no os acostéis tarde, nada de dar malas contestaciones, lávate los dientes después de que comas, repasa y haz los deberes que te han mandado en el colegio, etc, etc… Y gracias a que llegaron a recogerme, si no, acaban las vacaciones y estaría todavía con la retahíla de consejos maternales.

Serian las 9:00 de la mañana cuando llegaron a recogerme, menos mal que el coche que tenían los padres de Oscar era un monovolumen, metí mi maleta y mochila en la parte trasera, por la puerta detrás del conductor se acoplo Yolanda, deje que pasara antes que yo Oscar así quedaría él en el medio al lado de su hermana, pues llevaba unos pantalones cortitos y una camiseta ceñida marcando pecho y la verdad, no me apetecía nada ir todo el camino sonrojado echándola miradas, la verdad he de decir que en aquella época era un chico tímido donde los hubiera.

 


El viaje

Había amanecido un día muy luminoso, con cielo azul totalmente despejado de nubes, una mañana espléndida para viajar, a esas horas el sol todavía no descargaba con sus rayos mucho calor, Antonio llevaba en la consola central del coche varios cds, hasta que salimos a la autovía llevaba puesta la radio. Yolanda, Oscar y yo, llevábamos nuestros correspondientes mp3 y con los cascos preparados por si la música que nos ponía Antonio no era de nuestro agrado, yo sabía que tenía más o menos los mismos gustos que mi padre en lo referente a la música, la verdad que a mí no me desagradaba mucho la música de los 70 y 80, una vez en la autovía el primer cd que introdujo en la ranura de la radio fue `` Dire Straits - Sultans Of Swing ´´ mis cascos de momento se quedaron encima de mis piernas, mientras que Yolanda nada más arrancar su padre y doblar la primera esquina se los puso y Oscar iba entretenido explotando globos de un juego en su Nintendo.

Esa canción la ponía mi padre cada vez que salíamos de viaje aunque fuera a cualquier pueblo de los alrededores de Madrid, no sé si fue por la canción pero me empezaron a venir recuerdos de otros veranos pasados, hubo unos años que íbamos de camping a la zona de Valencia, esos fueron de lo mejor, esa libertad sin horarios, tan solo para la comida y la cena, las noches mirando las estrellas tumbado en la playa con los amigos que te hacías nada más llegar e instalar las dos tiendas de campaña que llevábamos.

Pero volvamos al viaje… transcurridos unos cien kilómetros, Oscar dejo de jugar con su consola y se quedo dormido, Yolanda seguía con sus auriculares puestos, los ojos cerrados y por sus movimientos de cabeza casi seguro que escuchando música movida, en la radio del coche Antonio llevaba puesto un cd recopilatorio de Los Beatles, mientras yo miraba por la ventanilla e imaginándome como seria el pueblo donde iba a pasar mis primeras vacaciones sin mi familia, según me había contado Oscar se juntaba parte de la familia de su madre, tías tíos primos y por supuesto sus primas que según el seguro que me gustarían todas. Llego el momento de que el monovolumen de Antonio necesitaba ser repostado de combustible y nosotros estirar las piernas, y alguno que otro hacer necesidades fisiológicas, estábamos a unos cien kilómetros de nuestro destino. Beatriz dio dinero a Yolanda para que comprase algo para engañar el estomago hasta que llegásemos al pueblo, era una chica de buen ver, pelo negro como el tizón iba con cola de caballo, pelo rizado, ojos almendrados tan oscuros como su pelo y aparte del pelo lo que llamaba mucho la atención eran sus labios bien marcados ante el color moreno de su piel, ella sabía que era una chica que gustaba y enamoraba a primera vista, lo que la empeoraba de su persona era su carácter prepotente quizás por ser una joven que dejaba prendidos a los chicos, a mi me gustaba también pero con ella mi me llevaba ni me dejaba de llevar, cada uno teníamos nuestro territorio y el mío en aquellas circunstancias solo lo compartía con mi buen amigo Oscar, este era de esas clase de amigos que te enfadarías solo con él, si no te acompañaba a la tumba, nos criamos juntos y nos llevábamos solo dos meses, como a mí no sé si por la edad, pero las chicas que nos gustaban eran las que creíamos que su amistad era lo principal, no vayáis a pensar que no nos gustaban las chicas, claro que nos gustaban y teníamos buen gusto para ellas. Acompañamos a Yolanda a la tienda de la gasolinera, cogió unos paquetes de patatas fritas y nos mando con algo de superioridad que fuéramos a cojer unas latas de refresco frías y con un rin tintín muy particular de ella y mirándonos de arriba abajo nos pregunto que si queríamos, podíamos coger unas bolsas de chuches, Oscar y yo cruzamos miradas y entre sonrisas las cogimos. Una vez todos subidos en el coche, Oscar ofreció chuches a sus padres.

-Umm, que ricas hacía tiempo que no las probaba - comento su madre.

-¡Oye niño a mi no me das! - exclamo Yolanda.

-¿Y si te salen lombrices? – contesto Oscar.

Todos sonrieron por la salida de Oscar, yo no pude contener la risa y con la mano puesta en la boca gire la cabeza hacia la ventanilla para disimular, cuando se me paso la ofrecí de las mías y sin apartar los auriculares de sus oídos y dando un codazo a su hermano me cogió un par de ellas. Así era la bella Yolanda, aunque en el fondo era una buena chica.

El viaje fue de lo más agradable, a falta de pocos kilómetros y creo que por lo bien que nos habíamos portado, Antonio y Beatriz nos deleitaron con algún que otro dúo a su manera de La puerta de Alcalá y de algunas otras canciones de los 80.

La carretera de entrada al pueblo, estaba en sus lados cortejada por grandes chopos que daban sombra a los paseantes de las tardes calurosas del verano, a lo largo de varios kilómetros.

Continuara…